Presente en todas las ferias de libros

Presente en todas las ferias de libros
Una noche de esas saliendo de la feria del libro en Arequipa

viernes, 17 de mayo de 2013

viernes, 10 de mayo de 2013

Un hombre nuevo

Un hombre nuevo: Estaba idiotizado, intentando y reintentando ingresar a sus cuentas –todas encriptados, seguros como él solo los tenía– infructuosamente,...

viernes, 3 de mayo de 2013

El maletín de ropa



Estuvieron durmiendo. Habían visto Aliens, antes. Manuel estaba con insomnio. Daba vueltas en la cama; no conciliaba el sueño. Hizo algunos comentarios, que Eliza contestaba con monosílabos, que parecían ronquidos o palabras que se dormían.
Todos dormían porque la niña iba a la escuela. La mayor al trabajo y el segundo a estudiar primero y luego a trabajar.

Sonó algo, en el silencio de la noche.
-Creo que el gato a botado algo? -dijo Manuel, pensando en el hambre que pasaba el gato y la zurra que le propinaban cuando reclamaba comida o cuando se la robaba. 

Ella,  en la penumbra de la noche, medio soñolienta se levantó y fue al comedor y a la cocina, a divisar

A los minutos de silencio preguntó.
-Amor... Se cayó algo o botaron algo los gatos?
-No -se logró escuchar a los segundos
-Tal vez rompieron algo
- No, sólo cayó una cucharita ... y ya lo dejé en el lavadero

Manuel quedó dormido. Nunca más supieron nada de ella…
¡Ah¡… también desapareció el gato.

plg
………..
Foto DR Internet



LAS MULETAS DISCONFORMES

Historias desde mi blackberry: LAS MULETAS DISCONFORMES: Abrió los ojos y soñoliento extendió la mano a las muletas y automáticamente -de memoria- se abalanzó para ir al baño con ellas, cuando se...

miércoles, 24 de abril de 2013

La sombra del avión


Cerré mi libro de Tradiciones orales. Edimerial 2007. Conociendo algo de: el Tunche, el Ichic Ollcko y La Mónica, y quise dormir un poco. O soñar un poco. El libro se lo obsequié como un gesto de amistad y admiración a la escultural aeromoza que me brindó agua y una cajita de bocadillos y una dulce sonrisa.

Yo no creo en la existencia de esos duendecillos pero, viré a través de la ventanilla y vi un extraño ser sobre las alas del avión... y me miró. Estaba afanoso, aferrado a un costado de una de las turbinas del avión de Lan. El cielo brumoso no permitía ver con claridad lo que hacía. Pero, quién podría ser: sólo un loco o yo era el loco. Quise gritar, llamar la atención de los demás pasajeros, pero supuse que era el reflejo distorsionado de algo, pero creo que no.
DR Internet

Hice algo de sombra y oscuridad con mi mano para ver mejor, pero allí estaba ese ser. Era un ser, más bien pequeño, o mediano, vestido con una gran casaca con cachucha, que el viento jaloneaba. Pasó la aeromoza y le pregunté con la mirada, si todo estaba bien. Miró en derredor y encogiendo sus hombros, le entendí que, todo estaba bien, que no había de qué preocuparse…

El cuello, sentí que me dolía, y los ojos que los había tenido mirando buen rato por la ventana, también. Cuando iniciaron el procedimiento de aterrizaje y volví a mirar las luces de la Ciudad Blanca -cuando cae la tarde, la noche primorosa con sus enormes chispas nos muestran las luces de la gran ciudad- vi una ráfaga de luz, que recorría el ala de extremo a extremo, parecía un rayo que se descargaba en el ala. No dije nada. Podía estarme afectando la nevada, la altura. No sé qué mierda podría estarme pasando. Pero hacer el papel de idiota, tampoco.

Bajamos del avión. Lo hice por la puerta de cola y, con disimulo, como un despistado –antepenúltimo en la fila india-, me aproximé a la turbina que se iba terminando de rugir. Vi algo que no debí de ver.

En los pasillos del aeropuerto Rodríguez Ballón, pasó por mi lado una de las aeromozas del avión, flanqueada por sus colegas –arrastrando una pesada maleta-, y me dijo acercándose a mi oído: ¡maldito perro¡ ese avión no debió llegar nunca.

Su dulce encanto y atractivo cuerpo, que me había cautivado al subir, se congelaron en mi mente. Al llegar a la puerta, sentí una ráfaga de viento helado. Cerré la chaqueta hasta que el cuello quedó abrigado.

Una ambulancia aguardaba a un lado de la puerta del aeropuerto, esta vez, con más gente y periodistas aguardando algo. Unos loqueros me hicieron cambiar de acera. Y subí a un taxi.

PLG

DR Internet


jueves, 14 de febrero de 2013

¡Oh San Valentín!


Decisión de última hora. La amistad mutó.

Buscamos un cuarto, entre la veintena de hoteles que habían en esas dos cuadras de Los Olivos.
Nuestras ansias, de colorines, como las luces de los letreros que llamaban.
7.... 8 de la noche...... y el vino y las ansias desbordaban por los ojos y la entrepierna. La música inquietaba la pasión.
9... habían discretas colas en algunos, no como nuestras desbordantes ganas, con la presión sanguínea de llegar cada quien a casa con los suyos.
¡Despistado¡¡¡¡¡¡
Era día de los enamorados...
Foto D.R Internet Movida noche en Los Olivos
¡Era día de los enamorados!...

.............   PLG

sábado, 5 de enero de 2013

Almas que enseñan antes de morir


                                               A los 40 años de la revista de poesía la tortuga ecuestre

–Mamá qué es de César Moro

–Pues sé que ese señor está muerto. Fue un poeta y pertenece a una generación de poetas de mucha importancia. Eso dicen los entendidos.
–Sé que él tiene un libro famoso. Creo que se llama La tortuga ecuestre –dijo el colegial.
Eso sí no sé hijo respondió mientras con sus quehaceres domésticos y enseñaba a su crío  lo que ella quiso ser y no pudo: poeta y escritora.

El niño entró al cuarto y salió con una plaqueta de poesía que tenia de nombre la tortuga ecuestre. Le mostró a su mamá y, esta, algo extrañada tomó y repasó las hojas y concluyó: no sabía que Cesar Moro tenía tantos poemas bonitos e interesantes.

–No mamá, son los 40 años de la revista que tiene el nombre de su poemario y los poemas son de otro poeta, que vive y su nombre es Pedro López Ganvini.

–Pero tiene ese algo en común que se siente entre líneas, en el ambiente. Y lo dice el escritor Carlos Zavaleta; que leo aquí, le presentó su poemario Memorias de una rata, por eso.

–Pero, pero... la mamá tuvo una curiosidad. Chequea cuándo murió Moro y cuándo nació López.

–No coinciden, dijo el atento niño verificando los datos en la lap top. Siguió leyendo más datos de Wikipedia. Mientras en silencio quedaron, cada uno en lo suyo, el televisor a media voz decía cosas.

–Ah mamá... Pero aquí dice... Que Moro estuvo mal de salud en el mismo hospital  y... en el mismo cuarto en el que nació López... aunque diez años después. Ambos tienen poemas sobre hospitales, enfermedades, fueron amigos comunes de Carlos Zavaleta... Waw.... jojojo

–Antes decían que las almas se quedaban diez años a enseñar a los nuevos... su arte y oficio, antes de irse de este mundo.

la tortuga ecuestre que dirige el poeta Gustavo Armijos.
40 años de vida como ninguna plaqueta de poesía en el Perú.

plg